
La atronadora ovación que el público de Madrid brindó a Jon Rahm camino al green del 18 fue el reconocimiento a un deportista que ha transformado el golf en España. El de Barrika volvió a dar una lección de pundonor, orgullo y entrega en una semana en la que las cosas no le salieron como él hubiera querido.
Comenzó el día con birdies al 1 y al 2, y el murmullo en el ambiente del Club de Campo Villa de Madrid era unánime: ¿sería este domingo el día en que Rahm destrozara el campo y se metiera de lleno en la pelea? No lo fue, pero vaya si lo intentó. Algún día hará el récord del campo, lo tiene a 72 hoyos y le falta a 18. Al tiempo.
Rahm se marchó como lo hacen los grandes, firmando la mejor vuelta del día, un -6 para acabar con -10 total. Nunca defrauda los domingos, y hoy lo volvió a demostrar. Es un competidor nato, un animal de torneo. Se lleva, además, la satisfacción de haber sido el mejor español del Open de España. Si el jueves alguien hubiera dicho que acabaría como primer nacional, pocos lo habrían creído.
Una vez más, reafirmó su compromiso con el torneo y con su país: “Me encanta venir aquí. Lo único que me molesta es no haberme dado una oportunidad de ganar para que lo disfrutara la afición”, confesó tras su vuelta.
También dejó entrever que su temporada termina aquí: “Nunca he tenido tres o cuatro meses de vacaciones como en otros deportes”, reconoció, anticipando que afrontará ahora un periodo inédito de descanso antes de volver a competir.
Jon Rahm se despide de Madrid habiendo dado absolutamente todo, enamorando al público y, sobre todo, intentándolo hasta el final. Nunca se le podrá reprochar falta de competitividad. En un día difícil, sabiendo que no tenía opciones reales de victoria, jugó su mejor golf de la semana. “Siento que me he dejado algo”, dijo al final, a modo de aviso. Tengan por seguro que el próximo año volverá con aún más hambre de conquistar su cuarto Open de España.
Rahm está en la súper élite mundial, y tenemos la inmensa suerte de que sea español. Disfrutémoslo.






