
Hace doce meses, Joel Girrbach (-7) llegaba el domingo al tee del hoyo 12 del Real Club de Campo Villa de Madrid empatado en lo más alto de la clasificación después de haberle recortado cuatro golpes de desventaja a Marco Penge en el partido estelar de la ronda final. El suizo se colocaba entonces a las puertas de pelear por la primera victoria de su carrera en el DP World Tour, en uno de los escenarios más imponentes del calendario. Finalmente, terminaba a un impacto del playoff en lo que ha sido su mejor resultado de siempre en el Circuito Europeo.
Doce meses después, el Open de España presented by Madrid vuelve a situarle en el mismo escaparate. Girrbach ha alcanzado la casa club tras 36 hoyos con un acumulado de siete bajo par y como líder provisional del torneo. Este viernes ha firmado una vuelta de cinco bajo par, igualando la mejor tarjeta registrada hasta el momento esta semana.
Está claro que este campo tiene algo que le sienta especialmente bien. El Real Club de Campo Villa de Madrid no es un recorrido especialmente largo. Exige precisión desde el tee, inteligencia para encontrar calles y mucha finura alrededor de green. En ambos apartados Girrbach está ofreciendo una versión de enorme nivel. Ya el jueves fue capaz de encontrar más del 60% de calles, en una jornada en la que la media del torneo apenas superó el 40%.
Este viernes, sin embargo, el gran protagonista ha sido su juego de hierros. El helvético ha protagonizado una auténtica exhibición en el tramo comprendido entre los hoyos 4 y 8, donde ha encadenado cinco birdies consecutivos. Un dato explica casi todo: ninguno de esos cinco aciertos llegó con un putt superior a los dos metros. No ha necesitado embocar puros ni convertir milagros desde larga distancia. Girrbach ha ido dejando un dardo detrás de otro desde la calle hasta convertir cada oportunidad en birdie. Especialmente meritorios los birdies en los hoyos 5 y 6, de los más complicados del campo y más el conseguirlos de modo consecutivo.
Su sexto acierto, en el hoyo 11, sí llegó desde unos cuatro metros, pero incluso entonces la sensación era la misma: el putter acompañaba, pero la vuelta se estaba construyendo mucho antes de llegar a green. Con 32 años y 119 torneos a sus espaldas, Girrbach todavía no conoce las mieles del triunfo al más alto nivel. Su mejor resultado llegó precisamente aquí hace doce meses, cuando rozó una victoria que terminó escapándose en la recta final.
Esta semana vuelve a tener una oportunidad. Su segundo y último tropiezo del día llegó en el hoyo 16, una bandera que se ha convertido por ahora en su pequeña espina: también había cedido un golpe allí durante la primera jornada. Aun así, cerró el día en ocho bajo par y con todas las opciones intactas.
Madrid ya le enseñó hace un año que podía competir por un título. Ahora vuelve a colocarlo delante de la misma puerta. Si este campo ya le dio el mejor resultado de su carrera, ¿por qué no puede ser también el lugar de su primer gran triunfo?





