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    sábado, 10 octubre 2026 / Publicado en Noticias home

    Cien metros, diez minutos y las dos caras del golf

    Viernes por la tarde en el Real Club de Campo Villa de Madrid. Apenas cien metros separan los greenes del 9 y del 18, dos escenarios en los que, con apenas diez minutos de diferencia, dos jugadores afrontan el último hoyo de su segunda jornada con mucho más que un resultado en juego. Son dos nombres que no aparecen en lo alto de la clasificación. Son dos historias que, sin embargo, explican mucho mejor que cualquier resultado la grandeza y la crueldad del golf. Bueno, del deporte en general.

    Los protagonistas son Eddie Pepperell y Sebastian Desoisa. El primero es un veterano del circuito europeo, un soldado con mil batallas a sus espaldas, acostumbrado a convivir con las exigencias de un deporte que no concede demasiadas treguas. El segundo es un joven de apenas 19 años, amateur, que está empezando a descubrir lo que significa competir entre los mejores. Uno pelea por seguir. El otro sueña con empezar. Ambos se encontraron el viernes con un hoyo 18 que difícilmente olvidarán.

    Primero llegó Pepperell. El inglés aterrizó en Madrid gracias a una invitación de última hora. Ocupa el puesto 101 de la Race to Dubai, una posición tan cercana como incómoda respecto a la frontera de los cien mejores que conservan sus derechos de juego para la próxima temporada. Además, un problema añadido: no tiene asegurada su presencia en ninguno de los cuatro últimos torneos del calendario. Dicho de otra manera, Madrid podría ser su última oportunidad para cambiar el rumbo de una temporada que amenaza con dejarlo sin tarjeta.

    Con ese escenario, Pepperell se planta en el tee del 9 un golpe fuera del corte. Treinta y cinco hoyos de pelea y una última oportunidad para prolongar su semana. Un birdie le permitiría jugar el fin de semana y sumar dos rondas más para intentar arañar unos puntos que pueden valer una temporada entera. Cualquier otro resultado supondría, probablemente, despedirse de Madrid, de la temporada y quién sabe si también de su condición de jugador del DP World Tour.

    Tras un gran hierro desde el tee, la escena se trasladó al green. El inglés tenía por delante un putt de algo más de cuatro metros. No era sencillo. Estaba prácticamente a la altura de la bandera y la caída exigía precisión. Siendo sinceros, lo verdaderamente complicado no era la distancia ni la lectura. Era todo lo que llevaba encima aquella bola. El inglés se tomó su tiempo. Dos pequeños swings de prácticas, una última mirada y el golpe. La bola comenzó a rodar y encontró el centro del hoyo.

    Birdie. Corte superado. Dos vidas extra. Pepperell apretó el puño con una mezcla de rabia y alivio. Sabía perfectamente lo que acababa de conseguir. No había ganado ningún torneo, ni siquiera se había acercado a los puestos de cabeza. Pero aquel putt tenía un valor que iba mucho más allá de un simple birdie. El beso posterior con su mujer, que además ejerce de caddie esta semana en Madrid, terminó de explicar lo que las estadísticas jamás podrán contar.

    Era la cara amable del golf. La del veterano que se resiste a rendirse, que encuentra una oportunidad cuando parecía que se agotaban todas y que consigue regalarse otras 36 banderas para seguir peleando por su futuro.

    Según está terminando Eddie, Sebastián Desoisa pincha su bola en el tee del 18. La historia era completamente distinta, aunque el escenario y la presión resultaban sorprendentemente parecidos. El joven de origen gibraltareño, formado golfísticamente en Andalucía, estaba completando una actuación extraordinaria. A sus 19 años, y todavía como amateur, había firmado dos jornadas de enorme nivel en uno de los torneos más importantes del calendario europeo. Sin complejos, sin dejarse intimidar por el escenario y compitiendo de tú a tú con profesionales que acumulan cientos de torneos a sus espaldas. El birdie en el 16 es para que se lo pongan en bucle.

    Desoisa llegaba al último hoyo un golpe por encima del corte. Tenía a su alcance algo que difícilmente habría imaginado unos días antes: superar su primer corte en un torneo del DP World Tour. Había más cosas en juego. Tanto Sergio Jiménez como Gonzalo Baños, los otros dos amateurs presentes en Madrid, habían quedado fuera del fin de semana. Por tanto, superar el corte también le permitiría conquistar la Copa Vallejo, el reconocimiento al mejor amateur del Open de España.

    Todo estaba ahí, al alcance de la mano. Ni siquiera necesitaba un par. Un bogey era suficiente para seguir jugando el sábado y el domingo. Diecisiete hoyos de extraordinario golf le habían colocado ante una oportunidad magnífica. Solo quedaba uno.

    Entonces apareció esa otra cara del deporte. La que no entiende de edades, trayectorias ni merecimientos.  La presión hizo acto de presencia. Es normal. Absolutamente normal. Porque por mucho talento que se tenga, por muy bien que se haya jugado durante dos días, hay situaciones que solo se aprenden viviéndolas.

    Desoisa terminó firmando un triple bogey. Tres golpes que cambiaron por completo el desenlace de su semana. En cuestión de minutos pasó de tener prácticamente en la mano su primer corte en el circuito europeo y la Copa Vallejo a despedirse del torneo antes del fin de semana. Duele solo imaginarlo.

    Especialmente después de haber jugado tan bien. Después de haber demostrado durante 35 hoyos que tiene golf de sobra para competir en un escenario de semejante exigencia. Y después de haber acariciado un premio que, seguramente, habría significado muchísimo para un jugador que apenas está empezando su camino.

    Eso sí, sería profundamente injusto reducir su Open de España a ese último hoyo. Se va con la certeza de que puede competir con jugadores a los que probablemente llevaba años viendo por televisión. El 18 escuece, y seguramente seguirá escociendo durante algún tiempo, pero es también una de esas experiencias que terminan construyendo a los buenos jugadores.

    En dos greenes separados por apenas cien metros y con solo unos minutos de diferencia, un hombre de 35 años encuentra una oportunidad para prolongar su carrera y un chico de 19 recibe una de las primeras grandes lecciones de la suya. Dos generaciones, dos destinos y las dos caras de un mismo deporte. Habrá más. Seguro que habrá más.

    Etiquetado bajo: Club de Campo Villa de Madrid, Eddie Pepperell, Eugenio Chacarra, Golf en Madrid, Open de España presented by Madrid, Race to Dubai, Sebastian Desoisa

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