
No es casualidad que Ángel Ayora fuera uno de los elegidos para presentar el Open de España el pasado martes junto a Marco Penge y Patrick Reed. Tampoco parece casualidad que, apenas dos días después, haya decidido presentar su candidatura sobre el Real Club de Campo. El español ha firmado una espectacular primera vuelta de -4, con dos eagles, y se marcha al vestuario entre los hombres que quieren decir algo importante esta semana en Madrid.
Pero más allá del resultado, hay un detalle que puede ser todavía más importante para Ayora: el driver ha vuelto.
“Sobre todo estoy contento porque he vuelto a pegarle un poco desde el tee como solía darle”, reconocía después de su vuelta. El jugador español venía sufriendo precisamente con esa faceta de su juego durante las últimas semanas, pero en Madrid ha recuperado una de las armas que considera diferenciales. Y en este campo, donde encontrar calle puede ser la frontera entre atacar y sobrevivir, tener el driver bajo control puede valer oro.
“Yo sé que si desde el tee estoy bien, la vuelta va a ser buena”, explicaba. Una frase que resume perfectamente su primera jornada.
Porque el Real Club de Campo está jugando muy, muy difícil. El rough está alto y húmedo, los árboles entran constantemente en juego y los greens blandos hacen que el backspin sea incontrolable. Ayora lo tiene claro: “A la mínima que no cojas calle, vas a sufrir”. Y lo ha comprobado en primera persona. Haber encontrado tantas calles le ha permitido atacar especialmente los pares 5 y aprovechar una de sus grandes virtudes: la distancia.
El resultado fueron dos eagles. Especialmente espectacular fue el del 14, donde tuvo que tomar una decisión desde un rough que tampoco invitaba precisamente al ataque. La bola estaba hundida, tenía la opción de pegar un hierro 7, pero eligió el 8 para sacar mejor la bola. La dejó muy cerca y después completó la obra con un gran chip.
“Me quedo contento con los eagles, te mentiría si te digo que no, pero sobre todo por cómo le he pegado desde el tee”, resumía.
Ayora, además, ha compartido partida con Tyrrell Hatton y Ludvig Åberg, dos de los grandes nombres del cartel. Una experiencia que lejos de intimidarle le sirve como termómetro. “Tienen un aura, le ves colocado a la bola y saben lo que han hecho y lo que hacen. Como que te inspira. Hay que apretar”.
Y ahora, después de un primer día de -4, Madrid vuelve a aparecer como ese escenario especial para el español. A la pregunta de dónde se veía el domingo contestó con sorna: “Me veo en Madrid, eso desde luego, pero ojalá poder estar arriba en la clasificación”, decía.
El campo no está regalando nada. Ayora tampoco parece dispuesto a regalar una oportunidad. Si el driver sigue en su sitio, el español sabe que puede estar arriba. Y después de dos eagles en su primera vuelta, la candidatura ya está presentada.





