
Joe Dean estaba siendo entrevistado por el DP World Tour en el hoyo 12 del Real Club de Campo, uno de los más difíciles del recorrido, cuando dejó una de las imágenes del día. Acababa de pegar una salida espectacular con el driver, firmó después un segundo golpe extraordinario y embocó el putt por todo el centro. Tres golpes de enorme calidad ejecutados con una tranquilidad asombrosa, como si liderar el Open de España fuera lo más natural del mundo.
Pero el golf tiene una capacidad única para cambiarlo todo en cuestión de minutos. Después de encadenar 36 hoyos sin cometer un solo bogey, Dean pasó de dominar el recorrido a sumar tres golpes sobre el par en apenas dos hoyos. En el 16 falló un putt de apenas un metro que le costó un doble bogey. En el 17 llegó otro bogey. De la serenidad al golpe de realidad, justo cuando parecía tener el torneo bajo control.
Lo más llamativo es que ni siquiera después del desastre del 16 perdió la compostura. Mantuvo un lenguaje corporal tranquilo, sin aspavientos ni gestos de desesperación. La confianza que había transmitido durante toda la jornada parecía intacta, aunque la tarjeta contara otra historia. El golf no entiende de inercias ni de currículums: en dos hoyos puede echar por tierra el trabajo de horas.
Dean sabe lo que es ganar. En agosto conquistó el British Masters, su primer título en el DP World Tour, en su 70.ª participación en el circuito y con una última vuelta de 63 golpes. Durante años había trabajado como repartidor de supermercado para Morrisons mientras intentaba financiar su carrera profesional. Aquel triunfo cambió su vida y le confirmó que podía competir al máximo nivel.
A su lado está su mujer, también su caddie. Llevan diez años juntos y se casaron este verano. Ella ha vivido de cerca el camino hasta aquella victoria y ahora comparte con él la montaña rusa de un sábado que parecía destinado a consolidar su candidatura y que se torció en un abrir y cerrar de ojos.
El hoyo 18 volvió a poner a prueba su resistencia. Dean pegó un drive pésimo, desviado 50 metros a la izquierda, en otra señal de que había perdido parte del control que exhibía horas antes. Pero todavía guardaba una respuesta. En el green embocó un putt de birdie de más de nueve metros cuesta abajo, un golpe de enorme mérito después de la cadena de errores que acababa de sufrir. Un último destello de calidad para cerrar una jornada que se le había complicado de forma inesperada.
Pese al derrumbe de los últimos hoyos, saldrá el domingo como colíder junto a Grant Forrest (-13), aunque después de desperdiciar una ventaja de tres golpes. La escena del hoyo 12 resumía a la perfección al Dean que había dominado el día: preciso, confiado, dueño de cada movimiento. El 16 y el 17 mostraron la otra cara de este deporte; el 18, que todavía tiene capacidad para reaccionar.
Ahora deberá gestionar el golpe anímico de un final de jornada que amenazó con cambiarlo todo. Con el título del Open de España en juego y la posibilidad de ganarse un billete para el Masters de Augusta y el Open Británico, la gran incógnita es si lo ocurrido le pasará factura mental o si será capaz de recomponerse para rematar una temporada que ya cambió su vida con la victoria en el British Masters.





