
Justin Rose llega a Madrid con la cartela de principal favorito. Una condición que en golf pocas veces funciona como una ciencia exacta, pero que en su caso tiene argumentos. El inglés es el jugador mejor situado del field en el ranking mundial, con Ludvig Åberg pisándole los talones, y aterriza en el Real Club de Campo Villa de Madrid manteniendo intacta su capacidad para competir con los mejores.
Será su segunda participación en el Open de España presented by Madrid y también su segunda visita a este recorrido. La primera llegó en 2023, apenas unos días después de conquistar en Roma la que entonces podía parecer su última Ryder Cup. Todo lo cntrario. Hace tres ediciones pasó el corte, pero nunca consiguió acercarse realmente a los puestos de cabeza. Especialmente el putter le impidió aprovechar muchas de sus oportunidades.
Un trienio después, ese apartado puede volver a resultar decisivo. La lluvia caída en Madrid durante los últimos días ha dejado el campo más receptivo y todo apunta a que será necesario convertir muchas oportunidades de birdie para mantenerse en la pelea. Aunque si pega los hierros como ha hecho este miércoles en el hoyo 3 no va a necesitar ni el putter en la mano. A un palmo la ha dejado desde el tee. Todo un espéctaculo el caballero inglés.
Rose llega, además, con una preparación diferente. Un compromiso con su fundación retrasó su llegada a Madrid y hasta este miércoles no había podido entrenar en el recorrido. Sus primeros 18 hoyos de la semana han sido directamente los del Pro-Am.
Nada que parezca alterar demasiado a un jugador que lleva toda una carrera acostumbrado a reinventarse. A sus 46 años, Rose atraviesa una suerte de tercera —o quizá cuarta— juventud. En 2025 llevó a Rory McIlroy hasta el playoff por la Chaqueta Verde y volvió a ganar en el PGA Tour. Esta temporada ha añadido otro título, en Torrey Pines, y un tercer puesto en el Masters.
Casi tres décadas después de irrumpir como amateur con 17 años en The Open, su palmarés incluye un US Open, un oro olímpico, la FedEx Cup y el número uno mundial.
Ahora vuelve a Madrid. Tres años después de una primera visita discreta, Rose tiene una nueva oportunidad para dejar en el Open de España una actuación más acorde con una carrera que, a los 46 años, sigue empeñada en alargar su mejor versión.





