
El mejor field de la historia del Open de España ha descubierto este jueves que el Real Club de Campo no estaba dispuesto a hacer prisioneros. El cartel de estrellas ha llegado a Madrid y el campo ha sacado las garras. Hatton, Penge, Watson, Højgaard, Rose, Reed, Noren… Los grandes nombres han tenido que enfrentarse a un recorrido que, lejos de regalar birdies, ha convertido cada calle en una batalla y cada green en un examen. Increíble que ninguno de los nombres mencionados consiguiera batir al campo en un jueves sangriento.
Las lluvias de los últimos días han cambiado el escenario. El campo está blando, el rough ha crecido y el control del backspin ha sido una tortura: la combinación ha resultado letal.
El dato es demoledor: 13 de los 18 hoyos se han jugado por encima del par. Y todo esto con un día espectacular en Madrid, con sol y unas condiciones meteorológicas prácticamente perfectas para jugar al golf. Uno puede imaginarse qué habría ocurrido si, además de este rough alto y húmedo, el Real Club de Campo hubiese tenido que lidiar con lluvia o viento. El campo ya ha sacado las garras sin necesidad de que el cielo echara una mano.
Y, sin embargo, dos de las grandes estrellas han conseguido escapar de la primera embestida. Shane Lowry ha sido el único de los grandes nombres internacionales que ha terminado bajo par, mientras que Ludvig Åberg, en su primera participación en el Open de España, ha firmado el par. El irlandés y el sueco han sobrevivido donde muchos otros han caído y mantienen intactas sus opciones de pelear por el torneo.
Tyrrell Hatton es el que se llevó mayor zarpazo del recorrido negro de Javier Arana. Fue uno de los primeros en salir al campo y llegó a situarse con -2 después de seis hoyos. Parecía haber encontrado la fórmula para domar el Real Club de Campo. Pero los dioses del golf tenían otra opinión. El inglés se fue desangrando a medida que avanzaba su vuelta hasta terminar con +5, un desplome de siete golpes que retrata perfectamente la trampa que escondía el campo.
Y no fue el único campeón que salió mal parado. Bubba Watson terminó con +4 y Danny Willett con +6, dos chaquetas verdes acostumbradas a jugar y ganar en los escenarios más grandes del mundo que también acabaron atrapados por la dureza del recorrido. El Real Club de Campo no ha entendido de palmarés ni de nombres: ha castigado a todos por igual.
Y en ese escenario, Marco Penge merece una mención especial. El campeón defensor llegó a Madrid después de jugar el pasado fin de semana en Utah y con un viaje de miles de kilómetros a sus espaldas. Las nueve horas de diferencia horaria pueden haber pasado factura a un jugador que prácticamente no ha tenido tiempo para recuperar el cuerpo y adaptarse de nuevo a Madrid. Su tarjeta no cuenta toda la historia.
Porque incluso en un día en el que el campo le estaba pasando por encima, Penge dejó dos de los golpes más increíbles de la jornada. En el hoyo 10 quedó completamente bloqueado por los árboles, sin una línea evidente hacia el green. Parecía no existir ventana alguna para salvar el hoyo. Y el campeón encontró una. Mismo procedimiento en el 18. Un lie imposible, un green que recibía cuesta abajo y la dejó dado.
Dos golpes de campeón en un día en el que el campo le estaba exigiendo absolutamente todo. Peleó la vuelta hasta el final para acabar con un +2 en la tarjeta. Justin Rose, que jugó en el partido de Penge, también sufrió y peleó una vuelta que fue una montaña rusa. Al final un golpe por encima del par a pesar de hacer cuatro bogeys un doble bogey. Enorme ejercicio de superviviencia del inglés. Ambos necesitan un gran viernes para darse alguna opción de estar en la pelea el fin de semana.
El Open de España quería reunir a las grandes estrellas. El Real Club de Campo tenía otros planes. Madrid les ha recibido con un campo que no entiende de nombres, palmarés ni rankings. Aquí todos empiezan desde cero. Y este jueves, a muchos de los grandes les ha tocado aprenderlo por las malas.





