
La irónica sonrisa de Rahm en el hoyo 5 define a la perfección su segunda vuelta en el Open de España presented by Madrid. Su putt de birdie se escapó por la derecha, segundos después de que Shane Lowry embocara uno idéntico cayendo por la izquierda. En los hoyos 2, 3, 5, 9, 10, 11, 14, 15 y 17, el guion fue el mismo: putts que rozaban el hoyo sin caer. Una auténtica pesadilla. Es la mejor forma de describir lo que ha vivido Jon en Madrid durante los dos primeros días. Cuando la bola no quiere entrar, da igual lo que hagas.
Y aun así, no defraudó. Solo Rahmbo es capaz de firmar seis birdies en un día en el que los dioses del golf te niegan una y otra vez. Al de Barrika no se le puede reprochar absolutamente nada después de ofrecer una lección de golf y pundonor en el Club de Campo Villa de Madrid. La suerte le fue esquiva en el majestuoso recorrido de Javier Arana, pero en jornadas así es donde se aprecia la diferencia entre Rahm y la gran mayoría del field. Seis calles cogidas de catorce y un 66 en la tarjeta. Surrealista.
Rahm volvió a demostrar que sus palabras son hechos. Él viene a Madrid a hacer más grande el golf en España, y en cada edición lo consigue. Está llevando el deporte a niveles nunca antes vistos en la Península Ibérica, con su juego, su carisma y su magnetismo dentro y fuera del campo.
Y lo hace como solo él sabe. En una ronda donde los greenes volvieron a negarle una vuelta que habría sido histórica si el putter se hubiera sumado a la fiesta, Jon sacó dos birdies en los pares 4 más exigentes del recorrido (6 y 12) y deleitó al público con golpes increíbles, como los segundos tiros en el 15 y el 16.
Ya lo dijo el jueves: el swing está ahí, las sensaciones son buenas. Y en un día en el que cualquiera se habría derrumbado, el de Barrika se mete en el fin de semana a solo cinco golpes del líder. Son muchos para el común de los mortales, pero para Jon Rahm solo hay un pensamiento y un objetivo claro para el domingo: ganar y levantar su cuarto Open de España. Que tiemble el field.






